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DIARIO DE UN CORREDOR

Una emocionante vuelta a la Cidade Maravilhosa

He corrido en muchos países, todas las distancias y terrenos. Ironman, maratones, ultramaratones. Pero correr en Río de Janeiro, siendo un apasionado de Brasil, tenía un sabor especial, sobre todo por la oportunidad de vivirlo junto a mi amor Agos y al Running Team Superación

Por Gabriel Vilella

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Veníamos un mes atrás de probarnos en el calor de Sarasota, EE. UU., en esos duros 21K, donde pude meter un podio internacional, pero mi marca no me había dejado conforme. Sabía que 1 hora 29 minutos no era suficiente para acercarme a mi meta de 3 horas en los 42k. Así fue que, sin presiones, seguí entrenando más relajado. Además, Río no es una maratón para hacer marca: el clima adverso y las subidas lo impiden.

La largada fue 7 am en Recreio dos Bandeirantes. Día húmedo, nublado, 23 grados. Una interminable marea de casi 15 mil atletas a lo largo. Último beso a Agos y largamos. Una larguísima recta costeando las primeras playas con leve inclinación hacia el costado hasta el km 22. Comenzaba lo más duro, la primera gran subida: El Elevado de Jó, un puente de unos 2 km, donde las piernas comienzan a trabajar duro.

Para pasar el mal momento, entramos a un larguísimo túnel donde la música electrónica y rayos láser te levantaban.

Cuando uno piensa que lo peor pasó, viene en el km 28, Sao Conrado, la temida Niemeyer. Otros 2 km de subida, pero ahora se le agregaban curvas y curvas… Correr con el imponente Morro dos Irmaos al costado era maravilloso. 

Ahora sí, lo peor había pasado. Comenzaba la carrera en el km 30 con terreno plano y más personas alentando por Leblon e Ipanema. Hermoso ver el Arpoador delante, antes de pasar a Copacabana. El calor comenzaba a jugar su papel: 30 grados. Los cuádriceps habían trabajado mucho.

Ya en Leme a cruzar el Túnel Novo. Al salir, en el km 38, aparece el último de ellos, el Túnel do Pasmado, para entrar a la bonita Bahia do Botafogo. Km 39 y saco del bolsillo la bandera argentina. De ahí hasta el final la llevaría orgulloso en mi mano. Las primeras lágrimas al ver del lado derecho al Pao de Azúcar y al morro Urca. Con el Cristo a nuestras espaldas en el Corcobado, cuidando de cada corredor. El sol comenzaba a asomar tímidamente. Por suerte no salió en plenitud en toda la carrera, ya que hubiese sido aún más dura la maratón.


Miles de personas en ambos lados en los últimos kms alentando con toda la buena onda que los brasileños tienen.

“Argentina, Argentina!” Escucho y extiendo mis brazos llorando. Eran cientos de argentinos que coparon Río. Llegada a pura emoción en el Aterro do Flamengo. Tranquilo con 3 hs 29 min para disfrutar de la Cidade Maravilhosa, y a buscar a mi enamorada, que unos minutos detrás venía igual o más emocionada que yo. Lloramos juntos abrazados. Hoy y siempre lo haremos cada vez que recordemos esta hermosísima Maratón.

Cabe destacar lo bien organizada que estuvo. Cuidados en todo momento. Excelente todo! Gracias RIO!!

Volveremos en unos meses al Ultra de Transmantiqueira Agulhas Negras donde fui elegido “embajador argentino” por el gran Marcos Campo. Feliz!

runnin' Edición 43