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runnin' PRACTICE / Experience

Half Marathon de Montevideo: 21K a puro disfrute

No soy de participar mucho de carreras internacionales. Si bien amo viajar, a la hora de abordar un desafío como una maratón o media maratón prefiero mi ciudad y mi casa. Sin embargo este año decidí anotarme en una carrera que me llama hace mucho: los 42K de Berlín.

Por CAROLINA ROSSI

Entrenadora de Atletismo y corredora

Capitana Running Teams FILA Palermo & Puerto Madero

www.carolinarossi.com.ar 

 

Vengo de varias maratones sin poder romper la barrera de las 3:30 h en mi país y un amigo me había sugerido que pruebe con correr afuera.

Es sabido que en la preparación de una maratón, correr antes una media viene muy bien. Tanto como entrenamiento de ultra calidad como proyección de marca, además del importante plus motivacional que puede aportar si se logra una buena performance.

Los 21K de Montevideo me parecieron la previa perfecta para mi maratón. Por un lado, para simular la situación carrera+viaje y, por otro, porque la fecha era inmejorable para mi planificación: 5 semanas antes de los 42K de Berlín, tiempo que me permitía correrla fuerte y así tener un registro actualizado en la distancia, llegar a recuperarme y con margen para seguir sumando buenos trabajos antes de la gran cita alemana, el 16 de septiembre.

Llegué a Montevideo con Analía, una de mis alumnas, el viernes de mañana, con buena anticipación para afrontar la carrera descansadas y tranquilas.

Esa misma tarde salí a trotar por la costanera y resultó en una mezcla de placer y preocupación: el viento fuerte obligaba a ir lento y con esfuerzo, incluso en las bajadas. Yo sabía que el clima no sería un tema menor tratándose de un circuito costero. De todos modos, mi idea era correr con todo lo que tuviera, mantenerme entre 4:35 y 4:30 minutos el kilómetro y en la parte final ir a fondo. Y así lo hice.

Salió el plan de carrera perfecto y, para mi sorpresa, pude disfrutar y apreciar el circuito también, cosa poco habitual en mí, que cuando corro en general no miro, no oigo, no hablo, ni me gusta que me hablen mucho: voy cien por ciento concentrada.  Pero en esta oportunidad pude apreciar  lo que había alrededor y mientras corría, pensaba: “Qué afortunada soy de poder vivir todas estas cosas. De que mis piernas me permitan exigirme y desafiarme, seguir superándome aunque sume años y que mis ojos me dejen ver estos paisajes”.

Esa mañana, el sol había salido para nosotros después de tres días de bruma, llovizna y cielo cubierto en Uruguay. Todo conspiraba para que disfrutáramos y se volviera una experiencia perfecta para todos los sentidos. Cielo azul, viento sereno y  una temperatura que si bien no era ideal, tampoco estaba tan mal.  La carrera largó a las 10 de la mañana y cuando el sol pegaba fuerte, el termómetro acusaba 17 grados: demasiado para mi gusto, pero eso no impidió que hiciera mi media maratón soñada.Fui muy prolija todo el tiempo, y si el ritmo oscilaba, se debía a las ondulaciones de las calles. Pasé los 10K apenas arriba de 45 minutos (45:16) y me dije: “Esto está muy bien”. Recuerdo que por el kilómetro 17 miré el reloj y ahí supe que el éxito era inevitable. Cuando corro suelo ir haciendo cuentas mentales. En esas cuentas siempre agrego varios segundos extras como para dar margen, porque creo que siempre es mejor sorprender que decepcionar. Ahí fue cuando me di cuenta de que aún sumando 5 cómodos minutos a cada uno de los 4 kms que faltaban para completar los 21 kilómetros, y otros 30 segundos más para los 100 metros, bajaría de todas formas los 1:37:16 de mi mejor media maratón en Buenos Aires 2017. Aún con cuestas, sabía que podría correr a 4:30 o 4:35, porque faltaba poco y me sentía súper entera y fuerte. Física y psicológicamente. Los últimos 2 kilómetros no me guardé nada. Recuerdo esos metros finales con el cansancio y la alegría que da haber conseguido una meta que costó mucho. Crucé el arco feliz y busqué mi hermosa medalla finisher. 1:34:40 fue el tiempo neto, e inmensa mi felicidad. Una vez más, me sentía agradecida a la vida y a este deporte que amo y me regala felicidad, además de ayudarme a ser cada vez mejor en todo sentido. Pero lo bueno de aquel domingo no terminaba ahí. Yo no sabía que se premiaban categorías por edades, pero en un momento del podio, el “Colo” Martinez, conductor del evento, me anunció como ganadora del grupo 35/39, y esa noche volví a Buenos Aires con un montón de cosas: trofeo, nuevo récord personal en 21K, recuerdos de lugares divinos que conocí y aprendizajes interesantes que surgieron de una reflexión sobre la confianza en uno mismo y las incertidumbres, que en ese viaje aprendí que no siempre son enemigas. Porque en esta oportunidad no sentí nunca la convicción desde un principio de que lo lograría, ni en la previa ni durante la primera parte de la carrera, pero lo logré. Hasta pronto y gracias por estar ahí siempre. Y animate vos también: Nunca dejes de Correr, Nunca dejes de Soñar! 

 

runnin' Edición 44