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runnin' PRACTICE / Experience

Mi Primera Patagonia Run

La Patagonia Run MHW es una carrera que lleva casi una década en el calendario argentino y es uno de los eventos de trail running de mayor logística y convocatoria. Este año fue su novena edicón, pero la primera y esperadísima para mí.

Cerca de 3.000 corredores se animaron desafiar los hermosos circuitos de sus 6 distancias (100Mi, 100k, 70k, 42k, 21k y 10k), una cifra impresionante para este tipo de competencia, y si bien había preparado muchas veces alumnos para correrla, nunca había estado yo.

Viajé con muchos corredores de mi FILA running team y del team de mi amiga Vanesa Maraquia, y juntos compartimos lindísimos días en San Martín de los Andes. La participación de nuestros grupos fue muy variada y había de todo: desde quienes iban por sus primeros pasos modo trail en los 13,5 K hasta quienes se animaban a desafiar los 100 K o 160 K, después de muchísimos kilómetros previos en entrenamientos y carreras. No teníamos ningún improvisado. Yo había preparado a 3 alumnos para sus primeros 100 K, y también teníamos 2 valientes anotados en las 100 millas del team de Puerto Madero, alumnos de mi colega Daniel Molina. Estábamos muy orgullosos de ellos por el sólo hecho de tenerlos en la línea de largada y por la forma en que llegaron. Yo era la única que iba por la distancia corta, pero no me sentía menos por eso. Mi idea era correrla a fondo, dejar todo e ir por todo. Me gusta correr en la montaña pero 
entiendo bien que no es compatible con la calle si se quieren mejorar tiempos en llano, y como creo aun tener mucho por superarme, limito mi participación en carreras largas.  

Toda la experiencia en sí misma fue hermosa. Acompañar a mis chicos, verlos largar, esperarlos en el arco y hasta poder hacer los metros finales con algunos de ellos. Y también mi propia carrera, disfrutando desde adentro lo que tanto me habían contado y entendiendo finalmente por qué dicen que en Patagonia Run MHW cuidan como el sol a cada corredor. La largada de mi distancia era en un horario muy amable en relación a las más largas que salían de noche o madrugada, por lo que pude descansar bien, desayunar tranquila, y llegar cómoda a la salida de los transfers. Llegué con tiempo para entrar muy bien en calor con un trote, rectas, y estiramientos. Y también para ubicarme bien adelante en el arco: quería salir fuerte, no quedarme tan atrás del pelotón de punta, cosa que puede hacerte perder mucho tiempo cuando aparecen senderos angostos, alambrados o arroyos. Aún así había muchas chicas delante de mí, y recién cerca del km 4 se fue quedando la mayoría y yo me coloqué en el tercer lugar, puesto que mantuve hasta la meta. Desde el 4 hasta el 13 corrí viendo de cerca a la segunda, estaba siempre a sólo 30/50 metros pero no podía pasarla, yo iba a fondo, y ella también. Ambas estábamos dejando todo. En el km 6 sucedió lo peor: tuve que parar. Mi cordón de la zapatilla derecha venía flojo y se desató. Lamenté mucho tener que detenerme pero seguir corriendo así era un riesgo grande. Controlé el tiempo que perdí: 12 segundos. ¡Un montón! “Ya los voy a recuperar”, me dije a mí misma, y al retomar apreté con todo el acelerador. Al poco tiempo otra vez tenía la misma distancia de diferencia con la segunda mujer. Pero como si una parada no hubiera sido suficiente, cerca del km 9 debí volver a parar a atarme los cordones de la otra zapatilla que también se habían desatado. No lo podía creer. Era algo que jamás me había sucedido corriendo y allá me pasó dos veces. Con paciencia volví a atarme la zapatilla lo más fuerte posible y con doble nudo. Otros 13 segundos perdidos. Y seguí a fondo. La chica de adelante se me había alejado bastante. En total había perdido 25 segundos en las dos paradas. Pensaba que si por ese tiempo me ganaban, me iba a quedar con una bronca bárbara. Y así fue, porque la diferencia fue de apenas 12 segundos. De todos modos no sé si hubiera podido llegar antes que ella de no parar, porque estaba cerca y se la veía muy fuerte: si yo la pasaba seguramente hubiera acelerado para adelantarse. Los kilómetros finales fueron hermosos. Una bajada que se prestaba a volar, con vistas imponentes. Hice kilómetros enteros a ritmos infernales para mí: 3,35; 3,45; 3,57, con el Lácar de testigo, y muy agradecida de poder estar viviendo eso. Los últimos 600 m fueron en llano por asfalto, ya en la ciudad, y corríamos con el plus del aliento de la gente que ocupaba los laterales de las calles. ¡Una inyección de energía! Crucé la meta feliz y muy satisfecha con la carrera que había hecho: corrí fuerte y prolija, y pese a ir por senderos complicados a alta velocidad, no me caí ni una sola vez. Si bien confieso que mi aspiración secreta era ganar, ese tercer puesto y lugarcito en el podio en una carrera como Patagonia Run fue muy valioso para mí y algo de lo que debía sentirme contenta y agradecida. Así fue, y me volví muy feliz a Buenos Aires a retomar la rutina con energía renovada y muchas experiencias lindas para contar y recordar.

Por CAROLINA ROSSI

Entrenadora de Atletismo y corredora

Capitana Running Teams FILA Palermo & Puerto Madero

www.carolinarossi.com.ar 

runnin' Edición 42

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